Esto ocurre cuando un individuo tiene dificultades para generar o mantener su propia energía, y busca absorberla de su entorno o de otras personas, convirtiéndose así en un parásito o vampiroenergético, aprovechándose de las debilidades de su víctima, como podrían ser la empatía suicida, el complejo de salvador, la lealtad tóxica, la culpa, el chantaje emocional...
Síntomas en la Víctima: Sentimiento de agotamiento, tristeza, desmotivación o vacío emocional después de interactuar con el "vampiro".
Comportamientos del "vampiro": Victimización constante, generar drama o quejas para atraer la atención y simpatía, obligando a otros a enfocarse en sus problemas. Necesidad Excesiva de Atención: Acaparar conversaciones, desviar el foco hacia sí mismos o requerir validación continua.
Drenaje por intermediario: Este robo de energía no ocurre entre dos personas, sino que se canaliza a través de un intermediario (también llamado mono volador), que puede ser cualquier amistad o familiar en común. El vampiro suele usar este modo de parasitación después de que la víctima le niegue el acceso directo. Por desgracia, la única solución suele ser bloquear también al intermediario.