Parece magia, pero la física moderna lo llama Entrelazamiento cuántico, o en palabras de Einstein, Acción fantasmal a distancia. El psicólogo Carl Jung, por su parte, le dio el nombre de Sincronicidad.
La sincronicidad es la coincidencia significativa de dos fenómenos semejantes o "gemelos" en el mismo tiempo y lugar sin causa aparente. Un ejemplo común es recibir la llamada de alguien en quien acabamos de pensar, a pesar de no haber tenido contacto con esa persona en mucho tiempo. Otro ejemplo frecuente es el de tararear al azar una canción que seguidamente empieza a sonar en la radio.
El tarot parece haber sido diseñado en base a este mecanismo sincrónico natural, que actúa como espejo del inconsciente, revelando sus sentimientos, aspiraciones, miedos, desafíos, fortalezas y posibilidades.
El tarot es, ante todo, una herramienta que nos facilita la tarea más esencial de nuestra existencia: El autoconomiento. Sus 78 imágenes representan los diversos arquetipos universales de experiencia humana que todos atravesamos de forma cíclica. Por ejemplo, todos somos la reina de copas (cariñosos), la sota de bastos (entusiastas), el ermitaño (solitarios) o el loco (imprudentes), según la situción y nuestro modo de responder al entorno.